De campo de batalla a paseo romántico: Las mil vidas del Bosque de Gomérez.
Descubre la fascinante metamorfosis del Bosque de Gomérez: de torrentera militar y frontera jurisdiccional a paseo romántico y epicentro del debate patrimonial en la Alhambra. Un análisis sobre cómo la política y el urbanismo moldearon el acceso más icónico de Granada.
Ana Carlota Valle Soriano


El Bosque de Gomérez es hoy uno de los espacios más transitados y, paradójicamente, menos comprendidos del entorno de la Alhambra. Su imagen actual como paseo arbolado y acceso peatonal oculta una historia compleja, marcada por transformaciones urbanas, conflictos de jurisdicción, intereses políticos y debates patrimoniales que se prolongan hasta nuestros días.
Este lugar, que durante siglos fue una torrentera inhóspita y un espacio de paso, se convirtió progresivamente en eje estructurante entre la ciudad de Granada y la Alhambra, asumiendo funciones cambiantes que reflejan la evolución histórica de la propia ciudad.
La Edad Moderna: del espacio militar al eje urbano y comercial
Tras la conquista cristiana de Granada en 1492, el Bosque de Gomérez quedó situado en una posición especialmente delicada, al encontrarse entre tres jurisdicciones distintas: Granada, la Alhambra y el Generalife. Esta condición liminal convirtió el espacio en un territorio de fricción administrativa y política, pero también en un lugar estratégico para el control de accesos.
Durante los siglos XV y XVI, Gomérez funcionó como camino real y campo de maniobras, escenario de desfiles militares y paso de artillería. Con la progresiva pérdida del carácter defensivo de la Alhambra, el bosque se consolidó como eje comercial fundamental, canalizando el tránsito de mercancías hacia el recinto palatino y articulando la relación económica entre la ciudad y la fortaleza.
El gran punto de inflexión llegó con el reinado de Carlos V, cuando la antigua torrentera fue transformada deliberadamente en un espacio urbano monumental. El soterramiento parcial del barranco, la creación de alamedas, fuentes y caminos empedrados y la monumentalización del acceso mediante el Pilar de Carlos V marcaron el nacimiento del Bosque de Gomérez tal y como hoy lo entendemos: un espacio diseñado, simbólico y representativo.
El Bosque como paseo, escenario social y construcción del paisaje
A lo largo de los siglos XVII y XVIII, Gomérez se consolidó como paseo urbano y lugar de recreo, incorporándose plenamente a la vida cotidiana de Granada. Planos, descripciones y relatos de viajeros describen un espacio cuidado, con fuentes, alamedas y recorridos diferenciados que ofrecían sombra, frescor y vistas privilegiadas de la Alhambra.
Las reformas impulsadas en época de Felipe V reforzaron este carácter, integrando el Bosque en una tradición paisajística que combinaba naturaleza, arquitectura y experiencia sensorial. La imagen de Gomérez como un lugar placentero y casi idílico se afianzó en la literatura ilustrada y romántica, sentando las bases de su posterior valoración patrimonial.
Del romanticismo a la protección patrimonial
En el siglo XIX, el auge del romanticismo transformó radicalmente la percepción de la Alhambra y su entorno. El Bosque de Gomérez pasó a ser descrito como el umbral de acceso a un mundo evocador y legendario, reforzando su papel como antesala simbólica del monumento.
Este cambio de mirada fue decisivo para su declaración implícita como espacio patrimonial. Las actuaciones de figuras clave como Mariano Contreras o Leopoldo Torres Balbás consolidaron la masa arbórea, ordenaron los recorridos y elevaron el Bosque a la categoría de Jardín Histórico, integrándolo definitivamente en la gestión del conjunto monumental.
Sin embargo, no todas las intervenciones estuvieron exentas de controversia. Las propuestas historicistas de principios del siglo XX, que planteaban la reducción de la vegetación por no considerarla “auténticamente islámica”, provocaron intensos debates ciudadanos y pusieron de manifiesto la tensión entre criterios estéticos, científicos y sociales en la conservación del patrimonio.
Turismo, conflicto y nuevos retos en la contemporaneidad
Desde la segunda mitad del siglo XX, el Bosque de Gomérez se ha visto profundamente afectado por el turismo masivo. Su condición de acceso principal a la Alhambra lo convirtió durante décadas en un espacio saturado por el tráfico rodado, los aparcamientos improvisados y la presión de visitantes.
Las sucesivas medidas para reorganizar los accesos —desde la creación de nuevos aparcamientos hasta la peatonalización progresiva del Bosque— han generado debates intensos entre conservación, accesibilidad y relación ciudad-monumento. La prohibición definitiva del tráfico rodado en 2010 supuso un avance en la recuperación paisajística del espacio, pero también implicó la pérdida de su función histórica como acceso natural desde la ciudad.
Un paisaje cultural en construcción permanente
Hoy, el Bosque de Gomérez es un paisaje cultural vivo, resultado de siglos de decisiones urbanas, políticas patrimoniales y percepciones sociales cambiantes. Su estudio permite comprender no solo la evolución histórica del entorno de la Alhambra, sino también los dilemas contemporáneos de la gestión patrimonial: cómo compatibilizar conservación y uso, cómo integrar la ciudad histórica con un monumento de proyección global o qué papel deben desempeñar los espacios intermedios en territorios patrimoniales complejos.
Analizar Gomérez desde esta perspectiva implica asumir que el patrimonio no es una realidad estática, sino un proceso continuo, en el que cada intervención —o cada omisión— condiciona su lectura futura. Precisamente por ello, conocer su evolución histórica y urbanística no es un ejercicio teórico, sino una herramienta imprescindible para tomar decisiones responsables en el presente.
Este enfoque forma parte de una investigación más amplia sobre el Bosque de Gomérez, desarrollada en distintos trabajos académicos. Recientemente he publicado un estudio en el Congreso Internacional REFORTE 2024, donde analizo su evolución histórica, urbanística y defensiva desde la Edad Moderna hasta la actualidad, atendiendo tanto a las transformaciones físicas del espacio como a los conflictos de gestión que lo han acompañado.
Este tipo de investigaciones permiten reconstruir no solo los hechos, sino también los relatos, tensiones y decisiones que han dado forma al paisaje que hoy conocemos.
Profundizar en las fuentes y los relatos históricos del enclave
Especializada en la tutela y puesta en valor de inmuebles históricos. Mi enfoque une el rigor del análisis estratigráfico con la viabilidad administrativa, garantizando que cada intervención respete la identidad del edificio y cumpla con los estándares de la UNESCO y la normativa BIC.
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La investigación histórica es el primer paso para una gestión patrimonial de éxito
La correcta gestión del patrimonio no comienza con la obra, sino con el conocimiento profundo del lugar. Entender su evolución, sus valores y sus conflictos históricos permite anticipar problemas, justificar decisiones y garantizar intervenciones coherentes, sostenibles y respetuosas con el bien protegido.
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